La violencia en la infancia y en la adolescencia. ¿Se nace o se hace?

Publicado por LamamadeZoe 20/02/2019 0 Comentario(s)

Ayer estuve en una super charla sobre la violencia en la infancia y en la adolescencia, donde se exponían muchos temas y debates super interesantes, que de algún modo nos hicieron reflexionar a los adultos allí presentes.

Y lo primero que se nos preguntó fué si la violencia se nace o se hace.

 

Y vosotros ¿creéis que la violencia en los niños viene impresa al nacer? o ¿se va desarrollando al crecer debido al entorno?

 

El niño como individuo que es, nace repleto de emociones, ya que estas son innatas al ser humano. Al principio son más básicas y poco a poco se van haciendo más complejas y conscientes, según maduramos y crecemos como personas.

 

 

Cuando somos pequeños las emociones las expresamos de manera natural, a través de enfados y rabietas. Conforme nos vamos convirtiendo en adolescentes y más tarde en personas adultas, las vamos resolviendo y expresando de otras maneras según vamos experimentando y aprendiendo del medio que nos rodea, a veces desgraciadamente, mucho más agresivas que una simple rabieta.

 

La sociedad juega un papel super importante en la educación y el desarrollo de los niños, pero la familia es vital para que tengan una buena base.

 

Un niño que tiene una baja autoestima, que no valora lo que tiene, que se le consiente absolutamente todo lo que pide, que tiene pocos amigos, o que usa la mentira para conseguir todo lo que se le antoja… será un niño más propenso a utilizar la violencia como moneda de cambio.

 

A veces los padres nos preguntamos: “pero ¿cómo es posible que mi hijo haya salido así?, no entiendo por qué es tan agresivo, porque no me hace caso, es desordenado, a veces egoísta, y sobre todo me contesta a todo lo que le digo de malas maneras. ¡Si yo le doy mucho amor y cariño!”

 

Pues la respuesta, aunque nos duela, es que este niño ha aprendido estando a nuestro lado.

Somos nosotros, los padres, los que debemos ayudarles a encontrar formas de canalizar y expresar esas emociones, desde pequeños. A reconocerlas e identificarlas, y hacerles ver que no son bichos raros por sentirlas.

 

Los afectos, el cariño, la empatía que le demostramos día a día, el tiempo que pasamos con ellos, unidos al apoyo que les vamos dando en su desarrollo, es super necesario para que, desde pequeños, adquieran una buena base y tengan una buena referencia al hacerse adultos. Pero esto no es lo único que debemos hacer para que funcione.

A veces únicamente miramos fuera y echamos la culpa a los demás de sus fallos y criticamos lo mal que esta esto, o que mala es esta persona...pero se nos olvida a menudo mirarnos a nosotros mismos.

 

Seguro que como padres todos queremos lo mejor para nuestros hijos, pero

¿somos conscientes de como los educamos?

¿qué valores estamos dejando en ellos?

¿cuál es nuestro comportamiento cuando ellos están delante, observándonos silenciosamente…?

 

A veces damos más importancia a todo lo que decimos, en vez de lo que hacemos, e incluso a veces, estas dos cosas no llegan a ser compatibles.

Y nos olvidamos que hay violencia incluso en lo más cotidiano. Insultos, peleas, agresiones, tonos violentos... La violencia se cuela en el día a día de todos, por medio de los medios de comunicación, en situaciones de nervios o estrés, después de un largo día de trabajo agotador…

 

 

Hay por ejemplo padres que se enzarzan en una pelea en un partido de fútbol de sus hijos, insultando al árbitro o descalificando al equipo contrario.

Y esto, lejos de agradar a nuestros hijos, les molesta e incluso les avergüenza. Ver como su figura de referencia paterna o materna, se comunica desprestigiando a otros, que son sus compañeros, y muchas veces amigos, les hace verdaderamente sentir muy mal.

Pero lo peor llega cuando poco a poco ellos van tolerando esas actuaciones y normalizándolas, con la consecuente imitación y actuación futura de estas, al convertirse en personas adultas.

 

En definitiva, tenemos una herramienta super poderosa en nuestra mano y esta es el ejemplo de nuestra actuación y comportamiento en nuestro día a día.

Es super importante saber que somos ejemplo constante para nuestros hijos, que ellos no tienen filtros para discernir que es lo que tienen que aprender y lo que no, ellos nos miran e imitan constantemente en absolutamente todo lo que hacemos.

 

 

 

¿Os parece cierto esto que os cuento? ¿Lo habéis experimentado con vuestros hijos?

 

Ya sólo me queda invitaros a ver este video de como los niños imitan a las personas adultas, que, aunque a veces tiene imágenes muy impactantes, es realmente muy interesante --->  https://www.youtube.com/watch?v=fdRcdR77uao

 

¡Feliz crianza a todos!

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